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Las Niñas Góticas No Cantan - Capítulo 9


Disclaimer: Los personajes no son míos, sino de Stephenie Meyer. Solo la trama me pertenece.
Summary: Bella es la chica nueva del piercing en la lengua, la rara, rebelde y gótica del colegio, nadie sabe nada de ella, nadie la toma en cuenta hasta que… "¿Me creerías si te dijera que soy una cantante mundialmente famosa?" ExB, AU, OoC.
N/A: Sí, sé que todavía esperan el cap 13 que les debo, lo tengo guardado y esperando a ser publicado, solo que he decidido editar y betear el fic. Lo que me recuerda que debo agradecer a mi beta por la ardua labor de ordenar y quitar los horrores que poseía el fic :)

Capítulo beteado por: Kelly Escobar, Beta (FFAD)

LAS NIÑAS GÓTICAS NO CANTAN
“Reacciones”


Reprimí un leve gemido al sentir mi lengua palpitar dolorosamente. Ya se estaba hinchando, y ni mencionar las cejas, a este punto mis padres pensarían que me había peleado de no ser por el maldito piercing…
El camino de regreso a casa había sido silencioso, Vivi no había mencionado palabra alguna, pero sabía que seguramente estaría pensando en su nueva deuda.
Me reí para mis adentros mientras me levantaba del sillón púrpura en donde Vivi y yo reposábamos desde que habíamos llegado.
— ¿Para dónde crees que vas, Bella? —me dijo mientras se inclinaba para tocarse la ceja casi hinchada.
—Pues, voy a levantarme ¿no ves?... —le respondí rodando los ojos y abrochándome la placa de policía que le había arrancado al policía la noche anterior y que habíamos estado observando durante las últimas dos horas.
—Vale, te acompaño —me dijo mientras me pegaba amistosamente en el hombro.
Vi como se esforzaba para levantarse del sillón en el que se había quedado totalmente hundida y tuve que contener mis ganas de reír, ella siempre había sido muy cómica cuando intentaba levantarse de ese sillón, pero sabía que era mejor no reírse a menos que buscara un ojo morado.
—Bella… sé que te quieres reír, pero por favor… ayúdame a levantarme —murmuró seria, terminó la frase haciendo uno de esos pucheros que eran capaces de derretir el hielo.
—Ok, ya te ayudo —tomé su mano y di tal tirón, que en poco segundos nos encontrábamos en el suelo destornillándonos de la risa.
Nos levantamos todavía riéndonos, y quedamos justo frente al espejo de cuerpo entero que había en mi habitación.
—Oh, oh… estamos en serios problemas… —susurré mientras me examinaba la pequeña hinchazón que había empezado a aparecer desde hacía dos horas atrás.
—No lo dudo, tía Reneé nos va a matar al ver los piercings —dijo ella tocándose el labio inferior en donde tenía el pequeño aro.
—Sí, nos va a colgar —le dije con tono burlón mientras sacaba la lengua para ver el piercing en el espejo—. ¿Cómo crees que reaccionen? Digo… sé que regresarán hoy, pero… ¿Cómo les daremos la noticia?
—No me lo preguntes, ¿acaso tengo cara de planear? —me dijo burlonamente y mirándome con sus grandes ojos verdes, que contrastaban con las gruesas líneas causadas por el delineador negro que siempre usábamos para nuestros conciertos, a este punto ya no nos era necesario usar tanto delineador, pero si usábamos algunas sombras negras alrededor de los ojos. Habíamos tomado ese estilo de Gerard Way, otro amigo que conocimos por nuestra inusual carrera; él era vocalista de la banda My Chemical Romance*—. Ya veremos cómo se lo toman, tu solo tranquilízate, ellos no podrán hacer nada para quitárnoslos.
Justo al decir eso, mi mente voló a lo lejos y pude imaginarme la reacción de Reneé.
¡Todo esto terminaría en una masacre!
Me mordí suavemente la lengua ante la posible reacción de Reneé; Charlie no iba a ser tan difícil, pero sabía que si Reneé se ponía en nuestra contra, él también lo haría. Ella siempre había querido que Vivi y yo tuviésemos una piel sedosa y brillante, con nada de esas ''porquerías'', como llamaba a los piercings, incrustadas en nuestras pieles.
No me di cuenta de que estaba presionando tanto mi lengua hasta que sentí un pequeño hilillo de sangre escaparse de esta, seguido de una aguda punzada de dolor.
— ¡Maldición!, ya no aguanto más. ¡Vivi, sabes que Reneé nos va a matar con solo ver el piercing en nuestras cejas! ¿Es que no se te ocurrió nunca pensar en eso? —exploté haciendo que Vivi diera un salto.
—Claro que lo imaginé. Por cierto, te debo mil dólares. Además… ¿no crees que valieron la pena? —abrí los ojos como platos ante sus palabras, ella solo se rió—. ¡Oh, diablos! ¡No me digas que estás asustada, pensé que te gustaba hacer enojar a Reneé tanto como a mí!
—Es obvio que me gusta hacerla enojar, Vivi, ¿pero es que no te das cuenta de quien hablamos? ¡Es Reneé, demonios! —seguí gritando y moviendo las manos como loca.
Nunca había estado tan nerviosa como ahora, ni siquiera para nuestro primer concierto, pero esta situación rebasaba los límites de la cordura, ¡estaba totalmente histérica!
Sentí como Vivi me tomaba las manos por la espalda y me hacia una llave de lucha. Detestaba que hiciese eso, pero por otro lado, le agradecía.
—Ya te dije que te tranquilizaras. Ya lo pasado es pasado, solo es cosa de enfrentarnos a las consecuencias de nuestros actos, y por lo que recuerdo, ¡yo no te puse un arma en la sien para que aceptaras esta apuesta! Deja que Reneé se vaya al carajo, ¡nosotras gozamos nuestra vida a nuestro gusto!
Me soltó las manos suavemente y yo aproveché para darle un abrazo.
—Siento mucho haberme comportado así. Tienes razón, ¡a la mierda con Reneé y sus prejuicios! —Le susurré el oído—. Ahora, ¿por qué no vamos por otras compresas de hielo? Mi lengua que me está matando, de hecho, siento que se está auto mutilando. Dentro de poco empezará a hincharse, sé que apenas nos los pusimos hace dos horas, pero ya son las cinco de la tarde, es domingo y recuerda que Reneé y Charlie no tardarán en llegar.
Apenas deshicimos nuestro abrazo, apagamos las luces de la habitación, dejándola sumida en las sombras de sus paredes pintadas de gris y negro, y bajamos corriendo hasta la cocina.
Abrimos el refrigerador y sacamos las primeras tres bolsas de hielo que vimos, las preparamos con unas toallitas y las pusimos en los lugares que iban inflamándose lentamente. Nos habíamos sumido en un cómodo silencio, pero este se vio interrumpido con la inesperada risa de Vivi.
— ¿Y ahora que te dio, te tildaste? —me burlé.
—No, para nada, es solo me que me estoy acordando de la chica plástica de ayer —volvió a reírse—. Le diste su merecido.
—Sí, pero creo que las chicas que la acompañaban se amedrentaron con lo que les dijiste, ya sabes; ''Vuelve a acercarte y te pasará algo peor'' —le dije, riéndome e imitando su voz.
—Ah, pero a mí me gustó lo del inicio, eso del ''Pero que te crees niñata, ¿que eres mejor que yo? Ah, espera, creo que ganaste un premio ¿si, verdad? Fue el premio a la chica más idiota y perra del año; primer lugar. Vaya, felicidades…''—esta vez ella imitó mi voz.
Solo bastó con que ella dijera eso y empezamos a reírnos a plenas carcajadas hasta que nos dolió el estomago y escuchamos a lo lejos un auto estacionarse.
La risa que minutos atrás inundaba la habitación se detuvo abruptamente. Nuestras sonrisas se escurrieron.
Tragamos audiblemente, nos miramos unos segundos y dejando las compresas en la isleta de la cocina corrimos hacia las ventanas de enfrente para ver quien se estacionaba en el jardín. No necesitábamos ser adivinas para saber que eran Reneé y Charlie, ¡la hora de juicio nos había llegado!
Vimos a lo lejos como mis padres bajaban del auto y caminaban hacia la puerta principal de la casa.
¿Y que hicimos nosotras…?
Pues no esperamos más, salimos corriendo nuevamente hacia la cocina y tomamos las compresas. Vivi se puso una lo suficientemente grande como para tapearle el piercing de la nariz, labio y ceja. Yo improvisé un poco tomando una para mi ceja y otra para ponérmela en la mejilla, presionando lo suficientemente fuerte y suave, como para que el frío de los hielos llegara a mi lengua, que parecía estar a punto de partirse en dos.
Escuchamos un rechinido casi sordo de la puerta del salón al abrirse lentamente, mis padres venían hablando sobre un tal Vladimir que no habían vuelto a ver desde hacía un tiempo. Nosotras, por supuesto, los ignoramos y empezamos a improvisar una pequeña discusión sobre el auto de Vivi mientras sosteníamos firmemente las compresas de hielo.
Charlie y Reneé pasaron de largo, aunque creo que en realidad, no nos habían visto. Nos asomamos en la esquina del muro de la cocina y vimos como subían las escaleras mientras reían y se besaban. Hicimos señal de asco y suspiramos aliviadas mientras pequeñas gotas de sudor bajaban por nuestras frentes.
Caminamos sigilosamente por el pasillo, nos sentamos en el sillón del salón y encendimos la tv. No hicimos nada más que agarrar las compresas, que ya se estaban derritiendo poco a poco.
Miré el reloj de mi muñeca y vi que solo habían pasado veinte minutos, pronto escuchamos los pasos de mis padres. Vivi no hizo nada, solo me lanzó una mirada cargada de nervios mientras que yo me proponía mantener la calma y la serenidad, algo que nunca lograba ante una situación como esta.
Sentí como poco a poco la esencia de Charlie invadía el salón. ¿Cómo lo sabía? No tengo respuesta a esa pregunta; pero solo tengo que decir que simplemente cada vez que Charlie se acercaba se podía sentir un ambiente ligero, de alguien divertido, raro, serio… era como entrar en un campo minado y saber exactamente sonde estaban las minas. Cuando se estaba con mi padre se podía sentir la alegría, pero también la seriedad; la ternura, pero también la superioridad. Era algo… extraño.
Charlie se sentó en el sillón de una plaza que estaba al lado, miró la televisión un rato y pocos minutos después nos lanzaba una miraba divertida, él debía de suponer alguna cosa. Podía ver un mar de preguntas que se acumulaban en su mirada…
— ¿Qué les pasó? —preguntó mirándonos divertido—. ¿Tuvieron una pelea en el centro de detenciones?
—Para nada, estamos perfectamente bien —dije nerviosamente, sabía que pronto empezaría a asaltarnos con tantas preguntas que llamaría la atención de Reneé, ésta vendría, nos miraría, se daría cuenta y…
—Sí, perfectamente bien. Perfectamente bien, no hemos hecho nada malo… —murmuró Vivi mientras tragaba audiblemente y sudaba frío.
Si tenía claro algo, era que nunca lográbamos ocultar los problemas, nos poníamos demasiado nerviosas. Normalmente mentíamos y nadie se daba cuenta; éramos buenas actrices, pero en casos como este, en los que ocultábamos un serio y notable problema nos poníamos nerviosas y nos delatábamos nosotras mismas.
—Con que no han hecho nada malo, ¿eh? —nos observó con una sonrisa traviesa que nos producía pánico, pronto se sabría la verdad y estallaría la tercera guerra mundial.
Vivi asintió ante su pregunta, pero yo no lo resistí más. Sabía que de todas maneras, tarde o temprano, ellos se darían cuenta y nos meteríamos en problemas si o si…
—Está bien, está bien, lo admito —grité, soltando la compresa y arrodillándome a uno de los lados del sillón en donde se encontraba mi padre, quien tenía una sonrisa triunfante tatuada en su rostro—. Nos escapamos en el mediodía, después de que ustedes se fueran, y fuimos a un lugar donde hacen perforaciones; nos hicimos tres cada una, llegamos alrededor de las tres de la tarde. Por favor, te lo ruego papi, no nos metas en problemas —terminé haciendo un pucherito que hacía cuando era niña, nunca se resistía a los encantos de su nena…
Escuché a Vivi reírse quedamente, a veces disfrutaba mis berrinches.
Él me miró con ternura y le sonrió a Vivi, que hasta ese momento no sabía que había imitado mis movimientos. Nunca se podría resistir a mis pucheros, esa había sido otra de las razones por las que no había seguido con su carrera de cantante y empezado tiempo después con su nueva empresa, donde conoció al padre de Vivi; justo antes de que nosotras nos conociéramos…
—No pasa nada, juro que las defenderé ante Reneé, pero ahora díganme dónde se los pusieron, ya quiero verlos —dijo muy emocionado. Me sonrojé un poco.
Bien, sabía que mi padre era extraño y casi flipado, ¡pero no me esperaba algo así!
—Bueno, yo me puse dos en la ceja derecha y otro en la lengua. Vivi se puso uno en la nariz, otro en el labio inferior y otro en la ceja derecha…
Él se nos quedó mirando un segundo y de repente dio un salto de emoción.
—Me gustan los lugares donde se los pusieron, pero tengo que decir que me hubiesen gustado más negros y redondos. Hija, sabes que debes cuidar bastante el de la lengua, ¿verdad? —mi padre habló mientras tomaba mi barbilla con su dedo índice y pulgar. Yo asentí, no sin antes tener cuidado de no lastimarme la lengua—. Eso me encanta, que bien que se hicieron esos piercings, yo no hubiese escogido mejores lugares.
Vivi me miró extrañada y yo le devolví la mirada. Ambas estábamos confundidas de pie a cabeza.
— ¿Pero no estás enojado? —susurró Vivi, mirándolo con la duda plasmada en los ojos.
— ¡Pues está claro que no! ¿Qué tipo de estrellas de rock serían si no tienen algo tradicional? Es un honor que sigan mi ejemplo…
Me puse seria. No todas las estrellas de rock tenían piercings, ¿o sí?
— ¡¿Tú tienes un piercing?! —gritamos haciendo que Charlie saltara.
—Tengo uno en la lengua, al igual que Bella, pero es de color gris, casi transparente —nos confesó y después nos sacó la lengua, mostrándonos la prueba.
Vivi y yo nos abrazamos y saltamos de emoción mientras mi padre reía por nuestra chistosa escena, rara vez nos permitíamos ser vistas de esta manera. Pero todo se fue a la mierda cuando escuchamos la voz de… mi madre.
— ¿Qué es lo que tanto celebran? —dijo con desdén. Sabía que todavía estaba enojada por el escándalo que habíamos armado ayer por la noche.
Con solo escuchar su voz detuvimos nuestra celebración y la miramos perplejas.
—No, nada, solo… — dije atropelladamente, pero me vi interrumpida por sus palabras.
— ¿Qué es eso que tienen allí…? —sus palabras se fueron desvaneciendo hasta perderse en el aire.
Vi como Reneé se nos acercaba lentamente y se detenía frente nosotras, mirándonos con detenimiento.
— ¿Cuando se pusieron esos piercing? —gritó, su cara estaba totalmente roja. A lo lejos vi como mi padre la tomaba por los hombros e intentaba calmarla, pero ella se lo sacudió de encima y nos señaló—. Se atrevieron a escaparse de su castigo, ¿no es así?
—Er, mamá, yo… nosotras… nosotras estamos arrepentidas, nos dejamos llevar por la situación.
— ¿Cómo pudieron? Justo cuando pensé que mis niñas no podían decepcionarme más de lo que lo habían hecho ayer… —gritó herida y colérica, negando con la cabeza—. Esto no se los perdono…
Sabíamos lo que sus últimas palabras significaban; mi madre era muy rencorosa y eso lo sabíamos claramente, pero lo habíamos ignorado hasta el momento. Dejamos caer nuestras cabezas, totalmente arrepentidas, y vimos de reojo como Reneé iba a darse la vuelta para irse cuando Charlie la tomó nuevamente por los hombros y la volteó…
—Reneé cálmate. Las chicas están arrepentidas, intentaron explicarte, ellas se dejaron llevar por la situación. Son solo adolescentes.
—No me vengas con ese cuento, Charlie, eso ya no te lo creo ¿es que acaso creen que soy lo suficientemente ignorante como para no darme cuenta de que esta fue otra de sus malditas apuestas?
—Tía, yo… yo tengo la culpa, yo hice la apuesta. Bella… Bella no tiene la culpa —vi como Vivi se ofrecía para el castigo, no podía dejarla sola, estábamos juntas en esto.
—No madre, fui yo quien la propuso, fui yo quien acepté, fui yo quien…
—Tú cállate, yo no te conozco, pensé que eras mi pequeña, pero parece que la fama te está afectando, eso es…
Vimos como mi madre apoyaba su cabeza en el hombro de mi padre y lloraba desconsoladamente. Mi padre nos miró con los ojos cargados de un sentimiento extraño y le susurró algunas cosas al oído…
—Amor, sabes que ya esperábamos esto; son unas adolescentes y deben aprender de sus errores; ya van a ser mayores dentro de poco. Mira que Bella cumple su mayoría de edad el próximo fin de semana. Por favor cariño, compréndelas…
—Pero yo… ellas… ellas están cambiando y no lo puedo evitar… ellas son mis hijas, Charlie —sollozó mi madre, mirándonos acurrucada entre los brazos de Charlie.
Sabía que con ''hijas'' se refería a Vivi y a mí; ella nos quería por igual y desde que nos habíamos enterado que la madre de Vivi había muerto ella la había querido como una hija, como la que nunca me pudo dar como hermana. Ella se sentía culpable y nos quería demasiado, nos quería tanto que no quería perdernos… Fue en ese entonces que lo entendí, ella solo se comportaba así por el miedo que le infringía nuestro cambio, pensaba que si cambiábamos nos alejaríamos de ella y no querríamos verla más…
—Mamá, sabes que nunca cambiaremos, siempre seremos tus nenas. Mira, si quieres castíganos, quítanos nuestras cosas más preciadas; es más, pasaremos unos cinco días encerradas en casa y con las bocas hinchadas, puedes aprovechar para contarnos todo tipo de cuentos. Incluso te dejaremos organizar mi fiesta de cumpleaños, lo prometemos, pero por favor, perdónanos…
—Sabes que te queremos, eres una madre para mí, la que nunca pude conocer. Sé que donde quiera que esté, mi madre estará feliz porque he encontrado a una que también me quiere —bien, eso no me lo esperaba, Vivi tenía mucho tiempo sin hablar de su madre biológica, ella evadía siempre temas como esos… era extraño escucharla hablar sobre ella—. Te queremos Reneé, nunca cambiaremos, lo prometemos. Por favor…
Para este entonces ya estábamos llorando, algo que teníamos tiempo sin hacer, la decisión había sido difícil, pero más difícil hubiese sido pasar mucho tiempo sin nuestra madre, y digo nuestra, porque para Vivi, mi madre era suya también. Éramos una familia.
— ¡Oh, mis nenas! —sollozo Reneé, pero esta vez de alegría, mientras se separaba de los brazos de mi padre y nos daba un abrazo a ambas.
—Hey, no me dejen por fuera… —se quejó mi padre, aunque sabía que solo lo hacía como excusa para abrazarnos.
Desde ahora solo nos quedaba clara una cosa; no volveríamos a hacer enojar a Reneé por un buen tiempo, ya que las reacciones y Reneé eran una malísima combinación…

*My Chemical Romance: banda de música rock, emo y punk fundada en el 2001.
La espera se está haciendo corta, pero eterna a la vez, ya casi terminamos de arreglar los caps publicados y dentro de solo 4 capítulos se encontraran Edward y Bella ¡waaaaaa!
Espero que les esté gustando mucho ;)
Nachi 

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