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Las Niñas Góticas No Cantan - Capítulo 5

Disclaimer: Los personajes no son míos, sino de Stephenie Meyer. Solo la trama me pertenece.
Summary: Bella es la chica nueva del piercing en la lengua, la rara, rebelde y gótica del colegio, nadie sabe nada de ella, nadie la toma en cuenta hasta que… '¿Me creerías si te dijera que soy una cantante mundialmente famosa?' ExB, AU, OoC.
N/A: Si, se que todavía esperan el cap 13 que les debo, lo tengo guardado y esperando a ser publicado, solo que he decidido editar y betear el fic. Lo que me recuerda que debo agradecer a mi beta por la ardua labor de ordenar y quitar los horrores que poseía el fic シ
Capítulo beteado por Kiki D’ Cullen.

LAS NIÑAS GOTICAS NO CANTAN
‘’Salir de un Hoyo y Entrar en Otro’’



Vivi dormía plácidamente en una de las butacas del lugar, pero con la cabeza sobre mis piernas. Habíamos hablado y decidido hacer turnos para dormir porque todavía no podíamos dormir al no confiar en las perras de la esquina de la sala.
Estaba tan concentrada viendo el oscuro cabello de Vivi cuando la puerta de la celda se abrió de golpe, haciendo un escandaloso sonido y causando que Vivi diera un salto hasta caer al suelo.
Lanzamos miradas llenas de odio hacia la persona que había hecho tal escándalo, pero estas se congelaron al ver quién era.
Mi madre. 
Venía vestida como siempre, elegante, sofisticada y con estilo era bella, pero lo peor de todo era que nos esperaba con una de esas frías miradas que eran capaces de cohibir hasta al hombre más valiente de los valientes. 
Nos levantamos de golpe y caminamos rápidamente hacia ella, la abrazamos, pero ella no nos respondió, solo se limitó a mirar hacia nosotros sin ningún sentimiento grabado en los ojos, y nos saludó con un simple asentimiento de cabeza. 
—Mamá, siento esto, pero ¿crees que nos puedes sacar de este lugar? —le dije haciendo un puchero al que nunca se resistía y luego mire hacia las perras de la esquina, que miraban a mi madre como si fuese un caramelo.
— ¿Y a que crees que vine? Salgamos de aquí, hablaremos en el camino, señoritas —siseó por lo bajo, jamás la había visto tan enojada, creo que esta se ganaba las anteriores. 
Mi madre se volteó rápidamente y empezó a caminar delante de nosotras con el policía a su lado, hasta llegar a la oficina principal.
Miramos a lo lejos caminar al policía, al que le había arrancado la placa, hacia Vivi y le hacía formar un cartel para luego pasármelo a mí. Casi se me salen los ojos de las cuencas al ver lo que era un poster tamaño gigante de nosotras.
Miré a los ojos del policía y vi como se sonrojaba notoriamente, él lo excusó con un: ''Es para mi hija Marie''. 
Finalmente, después de firmar varios papeles salimos de la jefatura, donde había un montón de fotógrafos que nos lanzaron una lluvia de flashes.
Vi como a lo lejos Vivi sacaba dos pares de gafas de sol del interior de su chaqueta para luego lanzarme uno de ellos, siempre preparada.
Nos pusimos las gafas e intentamos salir lo más rápido posible por la apretujada salida, sin dejar de hacer saludos, dar algunos autógrafos o hacernos fotos con los fans.
Por otro lado, mi madre solo nos defendía con un ''sin comentarios'', nuestra salida con estilo se había ido por un caño con solo ver cómo reaccionaba mi madre, que estaba tan enojada que seguramente no tomaba a los demás por humanos.
Apenas subimos al auto de René, un incómodo silencio inundó todo el interior del auto, la tensión era tan palpable que incluso se podía cortar con una navaja.
Vivi me dio una mirada llena de culpa, sabía lo que me pasaría, ella sabía cómo era René cuando se enojaba.
Le hice señas de que encendiera la radio y buscara un canal para tranquilizar a mi madre, ello lo entendió de inmediato y se inclinó para encender la radio y buscar canales de música. Había encontrado uno muy bueno cuando René le dio un zape en la mano y siseó un ''Deja eso''. 
Vivi, resignada, se volvió a sentar a mi lado, en los asientos traseros, esperando otro de los sermones de René. 
Siempre que se enojaba teníamos que lidiar con ella, por lo mínimo, una hora, ya me sacaba de quicio que siempre estuviese detrás de nosotras, ya casi cumplíamos la mayoría de edad. 
"Bueno, yo la cumpliría dentro de una semana…’’,  dije para mis adentros
— ¿Ahora que hicimos? —murmuré hacia Vivi.
El auto de detuvo de repente, justo bajo las luces rojas de un semáforo, haciendo que Vivi y yo nos inclináramos, por inercia, y chocáramos contra respaldos de los sillones delanteros.
— ¿Que qué hiciste? Mmm déjame pensarlo, Bella —dijo fieramente, mirando y lanzándonos dagas por el espejo retrovisor—. Será mejor decir ‘’ ¿qué cosa no hiciste?’’. Armaste un alboroto en toda una manzana, te llevaron a un centro correccional y traicionaste nuestra confianza ¡todo en un maldito sábado!, jamás pensamos que fueras capaz de hacernos esto, y sé que la idea fue tuya, no de Vivi. 
— ¡Pero yo la apoyé! —le siguió Vivi con el berrinche, ella sabía lo que era capaz de hacer mi madre, la última vez que hicimos algo parecido nos clausuró las guitarras por una semana, en un bóveda en la casa de William, el padre de Vivi—, me falta poco para que me vaya a Vancouver, de hecho me voy hoy y…
—Ya hablé con William, Vivi, te irás el próximo domingo, y sola porque perdiste el vuelo hace unos quince minutos. Menos mal que estarás para el cumpleaños de Bella, el sábado por la noche. 
— ¿El domingo? —le dijo Vivi echando chispas por los ojos. 
—Sí, el domingo por la mañana —le dijo mi madre mientras ponía el auto nuevamente en marcha.
La partida de Vivi iba a ser difícil, la verdad no sabía cómo, pero agradecía mucho que se quedara para mi cumpleaños, lo pasaríamos a lo grande.
—Tía, dile a mi papi que me ayude a hacerle una buena fiesta a Bella —le dijo haciendo otro de esos pucheros mas manipuladores que había visto—, de lo contrario…
—La conversación había dado un giro extremadamente drástico, hacia unos minutos hablábamos sobre nuestras travesuras y el viaje de Vivi y ahora ya ella la estaba amenazando.
—Eso ya lo veremos, por ahora no, lo siento Vivi, pero Bella no podrá hacer nada esta semana, igual que tu. William me dio su consentimiento para que te castigara, estas a mi cargo, eso quiere decir que no habrá más salidas nocturnas, por el momento —con solo terminar de decir eso me lanzó una mirada amenazante, por el retrovisor, retándome a que le contestara, pero sabía que si lo hacía quedaría peor que nunca—. Y tu, Bella, ve poniéndole su cobertor a Agusta porque no la usarás por una semana.
Vivi y yo gemimos audiblemente, nosotras usábamos mi motocicleta, Agusta, como la llamábamos, para dar una pequeña salida todas las noches. Era uno de nuestros pasatiempos, en especial el mío.

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