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Las Niñas Góticas No Cantan - Capítulo 4

Disclaimer: Los personajes no son míos, sino de Stephenie Meyer. Solo la trama me pertenece.
Summary: Bella es la chica nueva del piercing en la lengua, la rara, rebelde y gótica del colegio, nadie sabe nada de ella, nadie la toma en cuenta hasta que… '¿Me creerías si te dijera que soy una cantante mundialmente famosa?' ExB, AU, OoC.
N/A: Si, se que todavía esperan el cap 13 que les debo, lo tengo guardado y esperando a ser publicado, solo que he decidido editar y betear el fic. Lo que me recuerda que debo agradecer a mi beta por la ardua labor de ordenar y quitar los horrores que poseía el fic ;)
Capítulo beteado por Kiki D’ Cullen.

LAS NIÑAS GOTICAS NO CANTAN
 “Apuéstalo Todo’’


Estábamos en una celda, ¡que genial! ¿Algo nuevo? Mmm… no. 
Uno de los policías se nos había acercado para llevarnos algo de comida, algo que ni siquiera debía llamarse así.
Le pedimos que fuera a un centro de comida rápida, no sé, ¿KFC?
Y, claro, contábamos con compañía non grata, una que ni nos volteaba a ver. 
El guardia nos abrió la puerta de la celda y Vivi y yo entramos de mala gana.
Nos íbamos a sentar en una de las butacas cuando…
—Hey, tú, rockerita, emo —sabía que se dirigían a mí, pero actué como si estuviese confundida, estaba dispuesta a hacerlas rabiar—. Claro, tú, te estoy hablando, no te hagas la tonta. Te estoy hablando canalla, quiero que me des tu pulsera y collar de picos junto con las botas, dámelas ya si no quieres que estas perras que tengo como amigas te rompan tu linda carita de gótica.
¿Quería ser ruda?
Pues tendría competencia, ¡yo le iba a enseñar lo que era ser ruda!
Me le acerqué rápidamente hacia ella y la miré a los ojos, hasta ahora no me había dado cuenta de que yo era más alta, ¡vaya!
—Mira niña inmunda, hija de poca cosa, no estoy de humor como para lidiar con imbéciles que me jodan el día más de lo que esta. Cómprate tu mundo y piérdete. Aléjate de mi si no quieres saber lo que realmente es el infierno, apuesto a que un golpe en tu carita te hace llorar —le dije con voz fría y plagada de burla.
—Uy si, como si te tuviese miedo, mira como tiemblo —miró hacia sus piernas, y empezó a moverlas como si temblaran. Las chicas que estaban con ella empezaron a reírse—. Es más, creo que ni siquiera puedes conmigo.
La vi acercarse contoneando sus caderas vulgarmente hasta quedar frente a mí. Me miró como a una alimaña y me empujó…
— ¿Pero que te crees niñata?, ¿que eres mejor que yo? Ah, espera, creo que ganaste un premio —me toqué la barbilla como si intentase recordar y ella sonrió con suficiencia— ¿Si, verdad? Fue el premio a la chica más idiota y perra del año: primer lugar. Vaya, felicidades. 
Me hice un poco atrás, mirando de soslayo que Vivi no estuviese muy cerca de mí, y le solté el puñetazo más fuerte que tenía, justo a su asquerosa y plástica nariz.
La chica cayó a los pies de sus amigas y rápidamente se tocó la nariz, quejándose, mientras un hilillo de sangre bajaba. 
—Vuelve a acercarte y te pasará peor —le gritó Vivi algo alegre y enojada.
Y aquí seguíamos, en el suelo jugando calienta manos, ojalá nuestros que padres llegasen rápido, me estaba muriendo del aburrimiento. 
Claro, las perras seguían en la esquina, lanzándonos miradas asesinas. Como si eso nos hiciera daño. 
— ¡Gané! —gritó Vivi al aplastar mi dedo. 
—No, eso no es cierto, estaba distraída. Te aprovechaste de eso y…
—Por eso, no te distraigas cuando juegues ¿ok? —me interrumpió la muy…
—Ya me aburrí del juego, ¿y ahora?
—Mmm…  
— ¿Entonces? —le insistí.
—Ya, espera, déjame pensar. 
Se quedó meditando y de pronto dio un grito que casi me hace caer de espaldas. 
— ¡Ya está! ¿Qué tal si hacemos una apuesta?
— ¿Una apuesta? La última vez que habíamos hecho una no había salido tan bien que digamos. Charlie se enojó horrores cuando vio su disco de platino embarrado con crema batida agria. 
— ¿Pero cuál será la apuesta? —le pregunté con desconfianza, tanteando el terreno para ver si era bueno plantear la apuesta.
— ¡Oh! ¡Ese es otro caso!
—Si —dejamos caer los hombros al ver que no se nos ocurría una idea, hasta que…
— ¿Y si decidimos hacernos un cambio? Tengo una nueva idea. 
— ¡Desembucha! —le ordené viendo que lo que pensaba no debía tener tan mala pinta. 
—Bien, te apuesto diez mil dólares a que no te atreves a ponerte dos piercings en la cara en solo una semana. 
— ¡Claro que acepto la apuesta! ¿Por quién diablos me tomas?
—Ok, dos piercings en la cara en menos de una semana y te doy mil dólares –dijo en tono burlón, como si me fuese a arrepentir. 
—Uno en una ceja y otro en… —dije pensando en los sitios donde podría ponerse…
— ¡La lengua! —gritó de nuevo.
— ¿Estás loca? No podré comer y además ¿no que te ibas mañana?
— ¿Eres idiota o estas actuando? —respondió con otra pregunta—. Es obvio que existe el internet, ¿o no? ¡Argh, estamos en el siglo veintiuno!
—Ok, ok, acepto la apuesta. Mañana mismo, cuando regrese a casa después de llevarte al aeropuerto, me voy a hacer las benditas perforaciones —dije rodando los ojos. 


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