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Las Niñas Góticas No Cantan - Capítulo 2

Disclaimer: Los personajes no son míos, sino de Stephenie Meyer. Solo la trama me pertenece.
Summary: Bella es la chica nueva del piercing en la lengua, la rara, rebelde y gótica del colegio, nadie sabe nada de ella, nadie la toma en cuenta hasta que… '¿Me creerías si te dijera que soy una cantante mundialmente famosa' ExB, AU, OoC.
N/A: Si, se que todavía esperan el cap 13 que les debo, lo tengo guardado y esperando a ser publicado, solo que he decidido editar y betear el fic. Lo que me recuerda que debo agradecer a mi beta por la ardua labor de ordenar y quitar los horrores que poseía el fic :)
Capítulo beteado por Kiki D’ Cullen.


LAS NIÑAS GOTICAS NO CANTAN
“Niña Loca y Maniática”


Mi madre y Vivi me esperaron en los camerinos, después de dar mi despedida en el concierto.  Era un milagro que la cantante solo era yo y que no fuésemos un dúo, de ser así ya estarían preguntándome por Vivi, que estaba sonriente hablando con mi madre cuando llegué. Seguramente sobre los planes que tenía para mi después de que Vivi se fuese a Vancouver. 
Sentí unos pequeños toques en el hombro y me volteé rápidamente para encontrarme frente a Roxanne, mi manager.
— ¿Qué sucede Roxy? —dije con una sonrisa, era una buena mujer de unos veintiocho años, mi padre, Vivi y yo la habíamos conocido en un parque cuando ella descansaba después de andar buscando trabajo. ¡Y no estaba de más decir que hacía los mejores bizcochos del mundo!
—Ya he hablado con Matthew Bellamy*. Dice que está más que dispuesto a grabar las canciones que decías, que solo debes contactarlo para organizar el día y la hora en…
—Ok, no hay problema con eso, ¿hablamos después? —volteé a decirle algo distraída después de ver como Vivi y mi madre cuchicheaban, eso era algo realmente malo. 
Ella solo asintió y se fue, me quedé observando cómo se iba hasta que, poco después, escuché unos fuertes gritos.  Me volteé a encarar nuevamente a las chicas que me miraban como si fuera la reina de Inglaterra, estaban que echaban chispas por todos lados como si fueran muñecas de defectuosas y fuera de control.
—Dios, no sabes lo que amo a Matthew, Bella, tienes que permitirme ir contigo a la discográfica, quiero escuchar su música y…
— ¿Y Charlie? ¿A él no lo amas?  Madre, recuerda que la última vez que fuiste conmigo hubieron problemas y… mejor le digo a Matt que te envíe saludos o cualquier cosa, pero no vas. —contesté seria. Mi madre tenía obsesión con la música de Muse y la primera vez que había visto a Matthew había saltado como loca en pleno restaurante, el resultado había sido una bebida derramada sobre la camiseta favorita de Matt, que se convirtió en mi amigo/asesor poco después del incidente.
—Pero, pero tu… —ok, mi madre tenía serios problemas con cambios de personalidad múltiple; se suponía que ella era una madre seria, pero solo bastaba con escuchar a Muse para que su locura se desatara y saltara como una puberta frente a río Hudson. 
— ¡Olvídalo! —vi como hacia un mohín, intentando convencerme, y a Vivi riendo por lo bajo. Zapateó unos segundos antes de bufar y mirar algo enojada a Vivi, seguro echándole la culpa.
— ¿Y bien? ¿A dónde vamos? —escuché decir a Vivi, intentando cambiar de tema. Yo seguí viendo a mi madre, quien había adquirido un gesto serio y una  mirada fría.
—Yo pensaba invitarlas a una cena, pero Vivi me dijo que tenían algunos planes —dijo mi madre suavizando la mirada para mirar a mi amiga/hermana. 
—Es mi última noche acá, Bella, ¿crees que podamos pasarla juntas?
—Tenía planeado anteriormente un paseo con Charlie y saben que nuestras cenas serán muy aburridas —dijo mi madre mientras nos guiñaba el ojo y nosotros nos estremecíamos pensando en el significado de aquellas palabras—. Por mí pueden hacer lo que quieran, es su última noche juntas, chicas 
—Ok, está decidido, vamos a casa y organizaremos la mejor pijamada rockera que haya existido —dije gritando animadamente y dando saltos. Mi madre y Vivi se dieron miradas alegres, lo más seguro era que Vivi le hubiese sugerido a Reneé lo de la cita con Charlie para así poder cumplir uno de nuestros sueños desde pequeña, un concierto en casa.
Después de eso Vivi y yo subimos a la limusina, claro, antes habíamos salido por la puerta trasera para que ninguno de nuestros fans nos viera. Llegamos directo a casa, sin escalas, teníamos mucho que preparar.
Habíamos hablado durante todo el camino y no habíamos notado el tiempo pasar. Planeamos muchas cosas, algunas divertidas y otras riesgosas, entre ellas robar la placa de un policía  y molestar a algunos vecinos gruñones. A veces las ideas extrañas resultaban ser muy buenas y divertidas.
Cuando llegamos a casa, no esperamos a que Preston nos abriera la puerta, solo salimos con indiferencia y corrimos, como si fuésemos dos pequeños terremotos, hacia el ático. Nuestro ático.
Sacamos el nuevo equipo de música, que habíamos comprado después de haber tirado el anterior al suelo hacía unos días atrás, para usarlo más tarde.
— ¿Qué tocaremos? —me preguntó Vivi ya sabiendo la idea planeada anteriormente.
— ¿Mmm que tal Hysteria de Muse?  
—Eso es genial, una buena opción —me dijo sonriéndome. Había sido ella quien había tenido la idea de ir al restaurante aquel día, prácticamente nos había presentado. 
—Sí, pero antes haremos unas cuantas bromas —le extendí una pequeña hoja en la que había anotado lo que íbamos a hacer, ella sonrió a medida que iba leyendo.
Una hora después ya habíamos hecho un pequeño mapa con las casas de los vecinos que íbamos a decorar, principalmente las de aquellos a los que no les agradábamos.
Como recursos habíamos tomado dos bates en caso de que surgiesen problemas, rollos de papel, unas pancartas con anuncios que  habíamos preparado hacia unos  meses atrás y, lo importante, dinero por si quedábamos varadas en algún lado.
Para mi desgracia tuvimos que usar el auto de Vivi, el mío llamaba demasiado la atención y no tenía ni la menor idea de donde se encontraban las llaves. No planeaba buscarlas.
El auto de Vivi era un Audi R8 y era algo, lento. No me malentiendan, el auto es rápido, llega a los 300 kilómetros por hora, pero eso era prácticamente nada para el Buggatti Veyron Súper Sport, que incluso alcanzaba los 431 kilómetros por hora y guardaba en mi garaje junto a una MV Agusta F4 312R. Esos dos bebés – como los llamaba yo – eran el automóvil súper deportivo y la motocicleta de serie más rápidos del mundo.
Apenas subimos los bates y rollos a la parte trasera de los asientos arrancamos y fuimos hasta el AutoMac del McDonald’s, estuvimos comprando hamburguesas y sodas para entretenernos un rato.
Estábamos tan tranquilas engullendo las hamburguesas cuando sentí que, metafóricamente, se me prendía el bombillo. Di satitos solo con imaginar a reacción de aquella pareja. 
— ¿Qué sucede? ¿Ahora qué te picó? —preguntó Vivi mientras ponía su soda en el portavasos.
— ¿Viste la pareja que iba en el auto que pasó por aquí hace poco? —respondí con otra pregunta.
—Mmm, creo que si ¿Por qué? —ahora había un toque de duda en su voz.
—Pues… ¿Qué tal si asustamos a una pareja? 
Ella me miró raro por unos segundos y después empezó a reírse como loca, seguramente estaba imaginándose a reacción de la pareja. 
—Vale, vale, vale… solo déjame terminarme esta hamburguesa.
Estuvimos allí unos minutos más, no teníamos idea de a qué lugar había ido la pareja, así que no podíamos hacer prácticamente nada. Buscaríamos a esa pareja, a otra o nada.
Cuando por fin se nos ocurrió una muy buena idea, Vivi condujo hasta una calle donde había varios autos estacionados frente a un club nocturno.
Al verlos se nos ocurrió un reto, pondríamos las pequeñas pancartas entre en parabrisas y el vidrio y empezaríamos a hacer sonar las alarmas para que sus dueños saliesen y vieran los papelitos para nuestra fiesta. Quien terminara primero haría que la otra fuese su esclava por un día, así que si realmente queríamos no tener que hacer todo lo que la otra pidiera sería mejor empezar rápidamente. 
Y eso fue lo que hicimos, empezamos a poner los cartelitos bajo los parabrisas  y empezamos a aporrear los autos suavemente para hacer sonar las alarmas.
El reto se fue cuando encontramos a dos chicos besuqueándose y la alarma de su auto sonó, tuvieron una reacción tremenda. Vivi y yo empezamos a reírnos como locas hasta lagrimear y tener dolor de estómago.
Pero nos detuvimos justo cuando la chica dijo: 
— ¡Son ellas, Bella y Vivi Vulturi!
¡Ay, no!
Nos subimos corriendo al auto, no sin antes tirar los cartelitos al aire, Vivi encendió el auto lo más rápido posible, aun con sus manos temblorosas, y pisó el acelerador a fondo haciendo un tremendo ruido.
Llegamos al pequeño vecindario de casas grandes y lujosas, en donde estaban nuestras casas, y empezamos a sacar rollos de papel de la guantera. 
Prácticamente, por así decirlo, decoramos todos los árboles, buzones, verjas u objetos que fuesen fáciles de cubrir con los rollos de papel.
Nos habíamos quedado tan entretenidas lanzando rollos a diestra y siniestra que olvidamos los carteles, entonces fue que nos acordamos del equipo en el ático. 
Subimos nuevamente al auto fuimos a casa, en donde sacamos con extremo cuidado las bocinas a la azotea de mi casa y conectamos todos los cables en sus lugares. 
Vivi fue por la guitarra y el bajo mientras yo observaba a través de la ventana, cómo los jardines de nuestras casas eran convertidos en estacionamientos para autos, motocicletas, tiradero de latas de bebidas. 
Entonces fue que lo noté, los maceteros de Reneé habían sido rotos y la pequeña huerta de florecidas enredaderas que tanto amaba el Sr. Smith, nuestro mayordomo, se había convertido en…
¡Rayos!, estábamos en serios problemas… 
— ¿Qué es lo que tanto ves, Bella? —escuché, había estado tan concentrada viendo como algunos chicos se colgaban en las enredaderas del Sr. Smith que no sabía ni cuánto tiempo había pasado junto a la ventana.
— ¿Ah?… —susurré algo ida hasta que recordé en qué estábamos—. Oh, nada, nada… o eso creo…
Lo siguiente que supe fue que estaba sobre la azotea de mi casa, con una guitarra en mis manos y un micrófono en frente. El tiempo pasaba tan rápido para una adolescente como yo que, sinceramente, ya no sabía ni cual rumbo haba tomado o tenía que tomar. Lo que había decidido hacer ya estaba hecho, ahora solo quedaba esperar la reacción de Reneé, el público y sentir  fluir la adrenalina por mis venas
Empezamos a tocar las notas de Hysteria despacio, al principio, pero a medida que la música y la adrenalina corrían por nuestras venas más rápido, como nunca lo había hecho, a medida que íbamos aumentando el ritmo.
Podíamos escuchar el sonido de las alarmas de los autos todavía, los perros ladrando y los vecinos chillando con más ganas. 
No podía evitarlo, lo admito, pero el sentir la adrenalina fluir libremente por nuestro cuerpo era totalmente inevitable. Era algo que jamás habíamos hecho. Mi amiga y yo tocábamos las guitarras casi violentamente, con pasión, mientras sentíamos el techo de la azotea vibrando bajo nuestros pies y la música salir a todo volumen de las bocinas. 
¡Era simplemente fantástico!



* Matthew Bellamy: vocalista de Muse, una de mis bandas favoritas, chicas.

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